30 de junio de 2012

Los goles de Súper Balotelli y la Europa de los adoptados


por Eduardo Labarca



            Los dos goles con que Mario Balotelli eliminó a Alemania de la Eurocopa llevaron al estrellato a un nuevo tipo de europeo: los niños adoptados en África, Asia y América Latina que, adultos, saltan al primer plano en el deporte, el arte, la política.

            Desde los tiempos de Eusebio, el antiguo goleador mozambiqueño de la selección de Portugal, los jugadores africanos han pasado a ser legión en los clubes europeos. Samuel Eto’o, André Ayew, Yaya Touré están entre los 650 africanos que juegan en todo el continente, a los que se suman los hijos de inmigrantes pobres de las antiguas colonias, como Zinedine Zidane. Pero Balotelli pertenece a otra categoría: los adoptados.

Hijo de padre y madre ghaneses y nacido en Sicilia con el apellido Barwuah, el goleador de peinado mohicano fue adoptado a los tres años por el matrimonio Balotelli y creció como cualquier niño italiano.

La adopción de niños del tercer mundo se convirtió en tendencia en Europa y Estados Unidos a partir de los años 80. Pero ya a mediados del siglo XX la bailarina y cantante Josephine Baker, nieta de esclavos del sur de Estados Unidos, recorría el mundo con sus doce hijos adoptivos de diferentes orígenes. Madonna, Angelina Jolie y otras famosas le han seguido los pasos.

La cancillera de hierro Angela Merkel sorprendió al negociar los nuevos planes de salud de Alemania flanqueada por un asesor de rostro vietnamita. Se trata del doctor Philipp Rösler, de 36 años, adoptado cuando tenía tres meses en Vietnam por un militar alemán y su mujer. Rössler, actualmente ministro de salud, inició su carrera política en el Partido Liberal Demócrata del estado de Baja Sajonia.

A diferencia de los hijos de inmigrantes pobres, como la ex ministra de Justicia de Francia Rachida Dati, los niños adoptados han crecido en el seno de familias con situación económica holgada y muchos han estudiado en colegios y universidades de primera línea. Los padres adoptivos suelen pertenecer a la categoría de los “bobos” bourgeois bohemians una élite de empresarios y profesionales modernos y de mente abierta.

La economista Fleur Pellerin, ministra delegada para las pymes en el flamante Gobierno de François Hollande, es hija de coreanos nacida en Seúl y fue adoptada a los tres meses de edad por un físico nuclear francés y su esposa. El senador ecologista Jean-Vincent Placé, que negocia activamente con el nuevo gobierno de Francia, también exhibe un rostro inconfundiblemente coreano. Ambos forman parte de los doscientos mil niños sudcoreanos adoptados por ciudadanos occidentales en el último medio siglo.

Esta extracción de niños desde sus países de origen constituye otra faceta de la globalización y no siempre es transparente y exitosa. Abundan los casos en que los adoptantes, al tropezar con trabas legales o burocráticas, han recurrido a la compra de niños, un tráfico controlado por mafias. Aunque llevan la diferencia racial inscrita en el rostro, los adoptados desconocen el idioma y las costumbres del país de sus progenitores y suelen ser discriminados u objeto de acoso en el colegio o en el barrio. Algunos presentan un carácter conflictivo y ha habido casos de suicidios. El propio Mario Balotelli tiene momentos de agresividad y euforia por los que ha recibido numerosos castigos, como el día en que hizo estallar una bengala en el camarín. Sus conflictos con José Mourinho en el Inter son legendarios y muchos le celebran que plantara cara al neurótico entrenador.

La artista belga Mihee-Nathalie Lemoine, también hija de coreanos, lidera un movimiento de adoptados que se empeñan en buscar sus orígenes. Ha organizado exposiciones de pintores, escultores e instalacionistas bajo el título “Overseas Adoptee Korean (OAK) Artists Exhibition”. Los miembros de esa corriente viajan al país de sus padres biológicos y algunos se han quedado a trabajar o vivir allí.

Los niños que un día fueron adoptados en América Latina, África y Asia, especialmente en Corea y Vietnam, han alcanzado la edad adulta y están cada vez más presentes en la vida pública de los países desarrollados de Occidente, como Súper Mario Balotelli. Cualquier día nos toparemos con algún famoso o famosa de un país desarrollado de origen ciento por ciento chileno que sepa poco o nada de nuestro país.